Son muchas cosas las que puedo contar de este viaje. Una de las cosas que más me llamó la atención fue el ambiente, sobre todo el aire fresco que se respira en las playas. La gente de allí van a su bola y no suelen discutir.
Recuerdo a Michael, un estudiante de un instituto muy conocido situado en el centro. Él nos ubicó a mi madre y a mí cómo funcionaban las clases allí, no muy distintas a las de España.
La comida es algo alucinante, una variación increíble. Me gusta mucho la importancia que le toman a el desayuno, madrugan 1 ó 2 horas antes para preparar un buen banquete de tostadas, huevo, bacon, etc. En el instituto directamente pasan al almuerzo, suele haber pequeños rincones con mesas redondas con sillas incorporadas, ALUCINANTE.
El nivel de estudios depende del instituto, casi todos privados.
Michael, sabiendo la cantidad de kilómetros que habíamos recorrido nos invitó a su casa para seguir contándonos más cosas sobre la Ciudad y de paso comer algo.
Mi tema favorito es la fama. La gente acostumbra ver a gente importantes paseando por las grandes calles. Estoy segura que sin adolescentes esa Ciudad no tendría sentido, ya que los adolescentes ocupan la mayor parte de la Ciudad, tanto institutos como plazas, playas, etc.
Me sorprendía mucho ver cómo mi madre observaba las calles, los edificios, las tiendas, la gente, etc. Sobre todo las cantidades de puestos de comida basura, de hecho comimos varios perritos calientes para almorzar.
Ahora me toca seguir con mi rutina de siempre, en Málaga, viendo las mismas caras, estudiando mucho y deseando tener un par de años más para viajar y quedarme un par de días en aquella preciosa Ciudad. ¡Hasta otra!
